LIBRO USADO. RECUERDA QUE EL 10% DE ESTA VENTA COLABORA CON FUNDACIONES QUE FOMENTAN LA LECTURA EN ZONAS VULNERABLES. Los episodios de La conquista de Marte imaginados por Ray Bradbury llenan de terror y de soledad a Jorge Luis Borges. En su prólogo a la edición en castellano (1955), escribe: Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, ... Ver más Ocultar Los episodios de La conquista de Marte imaginados por Ray Bradbury llenan de terror y de soledad a Jorge Luis Borges. En su prólogo a la edición en castellano (1955), escribe: Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena. ¿Premonición o advertencia para la NASA, que acaba de poner un vehículo todo-planeta, ingenuamente bautizado Curiosity, en Marte? ¿Qué tienen las fantasías de ese joven escritor de Illinois, Estados Unidos, para tocar tan íntimamente a millones de lectores en el mundo entero? Algo que trasciende la ciencia ficción como género literario y la prosa con que describe la conquista y la colonización de Marte. Para Bradbury, el planeta de fuego no es otra cosa que un espejo donde la humanidad puede reconocer la misma desolación que eclipsa sus logros materiales. Los terráqueos viajan y construyen ahí sus hogares, sus centros comerciales, sus ciudades y un Marte agonizante renace como un paraíso alternativo para las esperanzas y los sueños sin límites de la raza humana. Pero, relato a relato, el planeta se convierte en un campo fértil para que sus locuras autodestructivas vuelvan a reproducirse. Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, advierte Borges. Ese no saber quiénes somos ni qué hacer con lo que conquistamos. Esa ansia permanente de algo más. Dennis Calero toma catorce de las famosas e interconectadas historias de la novela original y, al llevarlas al lenguaje gráfico, redimensiona las desgarradoras situaciones descriptas. Esta edición de Crónicas marcianas incluye una introducción especialmente escrita por el mismo Bradbury en junio de 2011. Los episodios de La conquista de Marte imaginados por Ray Bradbury llenan de terror y de soledad a Jorge Luis Borges. En su prólogo a la edición en castellano (1955), escribe: Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas y ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena. ¿Premonición o advertencia para la NASA, que acaba de poner un vehículo todo-planeta, ingenuamente bautizado Curiosity, en Marte? ¿Qué tienen las fantasías de ese joven escritor de Illinois, Estados Unidos, para tocar tan íntimamente a millones de lectores en el mundo entero? Algo que trasciende la ciencia ficción como género literario y la prosa con que describe la conquista y la colonización de Marte. Para Bradbury, el planeta de fuego no es otra cosa que un espejo donde la humanidad puede reconocer la misma desolación que eclipsa sus logros materiales. Los terráqueos viajan y construyen ahí sus hogares, sus centros comerciales, sus ciudades y un Marte agonizante renace como un paraíso alternativo para las esperanzas y los sueños sin límites de la raza humana. Pero, relato a relato, el planeta se convierte en un campo fértil para que sus locuras autodestructivas vuelvan a reproducirse. Bradbury ha puesto sus largos domingos vacíos, su tedio americano, su soledad, advierte Borges. Ese no saber quiénes somos ni qué hacer con lo que conquistamos. Esa ansia permanente de algo más. Dennis Calero toma catorce de las famosas e interconectadas historias de la novela original y, al llevarlas al lenguaje gráfico, redimensiona las desgarradoras situaciones descriptas. Esta edición de Crónicas marcianas incluye una introducción especialmente escrita por el mismo Bradbury en junio de 2011.

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