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Fomentar el gusto por la lectura en niños no tan pequeños: pubertad y preadolescencia

Muchos padres y madres que nos reconocemos como lectores habituales, ya sea por razones de trabajo, placer, estudios u otros, sabemos de los tremendos beneficios, en muchos ámbitos, que tiene la práctica constante de la lectura; ya hemos abordado algunos de los beneficios de la lectura a través de un recuento de sus efectos positivos sobre el sistema nervioso (puntualmente contra el estrés) y también como forma de desarrollar al máximo nuestras capacidades de memoria, comprensión y otras funciones ejecutivas. Esto no solamente lo sabemos desde la teoría, también lo hemos experimentado.

Muchas veces, los hijos e hijas de adultos lectores son lectores también. Esto parece lógico si pensamos que los niños y niñas imitan las conductas que ven en nosotros (lo que es cierto), pero no es tan así en la preadolescencia, etapa en la que su identidad se está construyendo, diferenciándose de nosotros y nuestros gustos.

Los hijos e hijas, pueden heredar en su epigenética ciertos rasgos de nuestra personalidad, elementos del temperamento como la ansiedad y el humor, las capacidades intelectuales globales, entre muchas otras características que hacen que tengamos gustos similares, sin embargo en esta etapa comienzan a diferenciarse de nosotros y a divertirse con otras cosas.

Cuando son niños más pequeños, comúnmente les divierte lo que a los adultos significativos de su vida, les divierte, entonces nuestras formas de entretención se traspasan. Ellos asocian (consciente o inconscientemente) con descanso, lo que nos ven hacer en nuestros tiempos libres y les dará seguramente placer en el futuro, hacer lo que nos ven hacer con gusto, especialmente si lo compartimos con ellos; es común escuchar a adultos decir: “Mi madre cocinaba conmigo y heredé el gusto por cocinar; mi abuelo me llevaba de pesca y hoy lo recuerdo cada vez que voy; o también, “con mis padres jugábamos a las cartas y ahora yo le enseño a mis hijos, etc.”

Pero esta tendencia no es una ley: hay gustos, preferencias y hábitos de nuestro día a día, que no logramos traspasarles por más que lo intentemos.

Fomentar el hábito lector

En relación particularmente con el hábito lector, para lograr instalarlo, debemos comenzar por que nos vean leer a nosotros; que nos vean tener en el bolso nuestro libro del momento, en la mesita de noche tener un par más, a mano. Y en la sala de estar, si no se puede tener una biblioteca, tener al menos un librero con varios ejemplares. Eso como punto de partida.

Ahora bien ¿qué podemos hacer cuando, teniendo el buen ejemplo y las posibilidades en casa, nuestros hijos no muestran interés en leer?

Frecuentemente los padres cometen el error de insistir y obligar, sin saber que eventualmente llegarán a transformarlo en una tortura, lo que a todas luces es un despropósito, ya que no existe que un hijo adolescente ‘llegue a hacer por gusto, algo que le fue impuesto y logrado por la fuerza’.

Analicemos esta situación:

Lo primero que debemos saber es que todos los niños son diferentes. Comparten cosas en común según su rango etáreo, su lugar y forma de vida, según las costumbres y valores de su familia y un largo etcétera, sin embargo todos son diferentes. Todos. Cuando estamos conscientes de esto, nos volvemos más observadores de sus particularidades, de sus gustos personales y agudizamos el oído frente a los intereses que ellos manifiestan. Cuando entendemos esto, dejamos de generalizar y también dejamos de pensar que nuestro hijo o hija, al no sentir entusiasmo por la lectura, tiene un problema o un defecto, porque esto no es así.

Por lo general, los preadolescentes prefieren, por lejos, pasar tiempo hablando con sus amigos o jugando en línea, ya que en esta etapa la socialización forma parte de sus prioridades, y dejan de lado actividades individuales, como por ejemplo leer.

Hay otro grupo que no manifiesta ganas de leer porque entre sus hobbies, están las actividades al aire libre que involucran muchas destrezas corporales, el juego físico o simplemente moverse sin parar durante la mayor parte del día. Entre ellos: los bailarines, los inquietos, los amantes de la adrenalina en skateboard, los ansiosos, los deportistas, etc.

Repito: esto no es un problema de tipo cognitivo, no es necesariamente cuestión de capacidades, ni una condición. Simplemente quizás, no hemos sabido bien cómo “motivar” este hábito.

Antes, les comento: Entre las actividades escolares que sí entusiasman a los estudiantes a leer, se cuentan: Actuar los libros o partes de ellos, conversar en grupos y reflexionar sobre lo leído, las actividades de “cuentacuentos”, recrear los personajes con sus vestuarios, con diversos materiales, haciendo esculturas, dibujos, etc.

En el contexto escolar, está comprobado que contestar evaluaciones escritas de libros, entregar síntesis o resúmenes, son las actividades que menos contribuyen al gusto por la lectura, entre estudiantes desde 5to básico a 3ro medio. El por qué se sigue haciendo en los colegios es otro tema, pero de que conllevan al rechazo, está comprobado.

Si este rechazo a la lectura es el caso de tu hijo o hija, conversa con el profesor/a para encontrar, juntos, las mejores estrategias que puedan cambiar esta situación.

Mientras tanto, en casa, podrías poner en práctica algunos de estos consejos, cuyo objetivo es fomentar el gusto por la lectura en esta etapa escolar, lejos de la presión de las evaluaciones:

1

Instalo a comenzar a leer, intentando no imponerle una lectura sino que él/ella misma vea (por internet, en tiendas o en casa) un título que le interese. No te asustes si lo escoge solamente por cómo luce la portada o porque su mejor amigo/a lo tiene, o incluso si es un libro que habla de su youtuber favorito. Recuerda que es solo un punto de partida. Verifica que sea apto para su edad y refuerza positivamente su elección ¡Qué entretenido, y cómo se te ocurrió ese tema!, ¡Pero qué novedoso título, estoy seguro que debe ser muy bueno!

2

Busquen información, averigüen juntos antes de empezar a leer, de qué podría tratarse y contrasten después a medida que avanza la lectura. O también, intenten adivinar previamente de qué se tratará. Por ejemplo, recuerdo años atrás cuando hice este ejercicio con mis estudiantes presentando el libro “El terror del Sexto B”, los niños pensaron que sería una novela de terror con un misterio por resolver, comenzaron a leerlo con esa expectativa pero en cambio eran 7 cuentos distintos, algunos cómicos, ambientados en una escuela. Menos mal en este caso nadie se decepcionó, porque eran anécdotas muy chistosas y experiencias comunes propias de esa edad ¡Fue muy gracioso comentarlo en el trayecto!.

3

Lean juntos, aprovechen momentos en común, avancen en un mismo libro. Si no puedes tener dos ejemplares, pueden turnarse para leer en voz alta y pasarse el libro cada 2 o 3 días. Por ejemplo, puede ser que día por medio le toque avanzar a tu hija/o una cierta cantidad de páginas, y los otros días avanzas tú al mismo lugar, para poder ir comentando, compartiendo impresiones, etc. Guía las preguntas no para comprobar si está “cumpliendo”, sino para disfrutar juntos de la actividad, ver que vayan comprendiendo lo mismo y mantener la motivación en alto; que el único objetivo sea intercambiar opiniones y conversar (por supuesto debes respetarlo si son diferentes a las tuyas, recuerda que el objetivo no es controlar sino acompañar).

4

Además de videojuegos o helados, cómprale habitualmente libros. Convéncete de que es una excelente inversión y hazla costumbre. A veces podrían ser libros específicamente de su interés, no necesariamente textos narrativos (sobre autos de carrera, moda y vestuario, cocina, primeros auxilios, historia de su grupo de música favorito, etc.) y otras veces libros de temas que no conoce pero que crees que le podrían (según su personalidad) interesar: Animales exóticos del océano, los peinados más raros del mundo, castillos y fuertes de la edad media, etc.). Porque ofrecer libros de distintos temas, incrementa su curiosidad e interés por otras materias y también amplía su nivel cultural.

5

Al leer, los niños y niñas están ampliando su conocimiento del mundo, por lo que es habitual que se “vayan por las ramas”, aprovechando el tema de la lectura para conversar otras cosas, contarte experiencias con amigos del colegio o simplemente preguntar algo distinto al tema. Déjalo porque eso es un regalo del universo, en serio son poco comunicativo en esta edad. Hablando en serio, no está mal si ocurre porque están relacionando ideas propias con ideas nuevas. Síguelo, no te preocupes porque se “distrae”; no es tiempo perdido, aprovecha para encontrar ahí un espacio que fortalezca el vínculo. Ya habrá tiempo para retomar el tema del libro.

Libros de todos estos temas y más, los podrás encontrar en nuestro catálogo en línea, te sorprenderás.

Y por último, un consejo aparte, ya no sólo de experta sino también como mamá: Predica con el ejemplo. Cuéntale de historias y libros que tú hayas leído y te hayan apasionado, en cualquier etapa de tu vida no sólo de la infancia.

Nárrale la historia con detalles divertidos, transmite emociones especialmente. Desde el miedo hasta el amor, todas las historias nos dejaron algo. Vuelve a emocionarte recordando esa lectura y por qué no, cuéntale también cómo fue el contexto emocional de ese momento: si fue en un embarazo, o en unas vacaciones felices, si fue en una etapa en que estabas triste y cómo ese libro te ayudó, por ejemplo.

Comparte lo que sentiste con la muerte de algún personaje, lo que te marcó o te hizo reír de otro. Construye en torno a los libros, puentes de comunicación, que hagan a tu hijo o hija asociar la lectura con la emocionalidad (capacidad de sentir), dado que las personas nos vinculamos con los libros desde ahí: nuestro propio mundo interior.

Que la lectura no sea para los hijos un recuerdo de muy pequeñitos cuando los llevabas a dormir, sino una experiencia compartida durante toda su vida contigo.

Marcela Andrews Latorre

Pedagoga PUC, Maestría en Neurociencias con investigación en curso. Promotora de la lectura como elemento vital.